El gato estaba muy exitado, era la primera vez que lograba trepar un árbol por sus propios medios. Aunque todos sabemos que es cosa de la naturaleza, él acaba de descubrirlo y ante ese descubrimiento se abren nuevas puertas.
Un amplio abanico de oportunidades, porque con la misma destreza que logro subir ese arbol, tambien puede llegar a la ventana que está cerca de ese árbol y asi, acceder a otra salida que lo lleve a nuevos horizontes.
Mientras él se divierte entre escalada y escalada no sabe que un sin fin de seres vivos lo observan, él es feliz con su ascenso.
Quienes lo miran advierten su diminuto tamaño, su pelo semi largo, con un tono gris topo su pequeño antifaz blanco rodeando sus ojos, como si el destino lo hubiese marcado para cumplir tales hazañas y sus uñas cortas, pero afiladas y bien preparadas para la tarea.
Esos mismo que admiran las payasadas de este Gatito, se miran entre sí con una expresión que mezcla susto y admiración ya que, como todo ser vivo, esperan la desgracia de una caída solo por el placer de ver como la vida le enseña a los más jóvenes que no todo es risas.
Ilusos, no entienden que por sus venas corre más adrenalina que sangre, su cuerpo está preparado para amortiguar cualquier caída y que obviamente, como todo visionario, el gato no espera caer en ningún momento.
Su entretenimiento es el peligro, las cornisas son sus mejores amigas y como descubriría en un tiempo, el amor no es tan pasajero para un gato, como suele pensarse. Pero eso es algo que voy a contarles más detalladamente dentro de algunas lineas, no nos adelantemos.
Nuestro gatito ya está posado en el techo, amenazó varias veces con una caída más que ligera, pero como dije anteriormente, él está preparado para sortear ese tipo de problemitas.
Como quien admira el horizonte, éste mini tigre se siente de una vez completo. ¡Si su madre lo viera!
Pero para lo que no estaba preparado era esa sensación de vacío en su estomago, como si las polillas que el corría de mas chico, se le hubiesen instalado en su estomago.
Ella era la culpable de su mal estar y aunque ya había escuchado sobre su historia, el andar de esa gata lo envolvía por completo. Por supuesto el no contaba con verla desde donde estaba.
Bien sabido era en el barrio que la belleza a la cual él estaba admirando, era deseada por varios de su especie y que su reputación de hembra difícil no le iba a facilitar sacarse la sensación que el sentía.
Sin embargo y sin esperarlo es destinatario de una mirada furtiva de la gatita más linda del barrio. Ésas miradas que queman y apagan el incendio, todo por el mismo precio.
La expresión que puede poner el macho de cualquier especie ante semejante situación es inexplicable y mucho menos la sensación de victoria que sentimos los seres de sexo masculino, en cualquier reino.
De todas formas ella no pierde su majestuoso andar y como todas las hembras, también de cualquier especie se apodera de la indiferencia y la aplica en el.
Con el pasar de los días el se vuelve mas hábil en el arte de escalar y escabullirse por diferentes lugares solo para captar la atención de quien ya se había vuelto su amor imposible sin resultados aparentes.
Al cabo de un tiempo el gato se rinde, después de todo él es uno más del montón sin nada que ofrecer y ella, en cambio no tiene igual y miles de opciones por las cuales decidirse cuando quiera.
Pero como siempre, al destino le gusta coquetear con las decisiones y nuestro ya experimentado gato no sería la excepción y una noche de cornisas los encuentra en el mismo balcón.
Indudablemente era el momento que el había esperado pero que nunca había planeado. Afortunadamente para él, su astucia funciona mucho mejor bajo presión y opta por la que seria, mas adelante la opción mas acertada. Sentarse junto a ella, sin emitir maullido para admirar juntos una noche que se iluminaba con rayos de tormenta. El escenario era pefecto, las luces de ese balcón no eran lo suficientemente fuertes para achicar pupilas y el podía admirarla en su máximo esplendor.
No hizo falta nada más para que esos dos agiles cuerpos se unieran y así romper las cadenas de la lujuria.
El Gato había cumplido su sueño y sentía que su cuerpo había perdido todo el balance que la naturaleza la había dado. Varios días pasaron y ellos no volvieron a encontrarse.
Los rumores en el barrio no se hicieron esperar y él, no tardo en escucharlos. Ella había sido atropellada.
Como cualquiera, no quería creer lo que escuchaba pero al mismo tiempo no podía negar lo que sucedia, la gata no aparecía y nadie había vuelto a verla.
Con el tiempo el gato, se volvió uno de los más conocidos del barrio. Nunca se lo vio perseguir una gata en celo, jamás se encontró un gatito abandonado que se parezca a él y hace 2 horas me está mirando.
Lo encontré en la calle, tirado al lado de un cordon.Todavía respira pero su columna está literalmente partida a la mitad, lo meto adentro de un cajón improvisado y lo llevo a casa.
Pudo dormir un poco, pero cada vez que se despierta me mira como buscando una salida.
Yo no puedo brindarle ninguna, es domingo y agoté todos los números de veterinarios conocidos.
De todas formas pareciera haber optado por ir a buscarla a ella.
Me mira una última vez y como si fuera un adolescente, se despide con un suspiro de enamorado.
Como siempre, no le hicieron falta maullidos para explicar nada.
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